TU PECADO

No peques nunca
porque la gente no te perdonará,
te señalará con el dedo
y este será tu credo.

Tu pecado es soñar;
como alas de paloma volar,
como canto de ruiseñor cantar,
como ojos de sirena llorar.

Tu pecado es amar;
como ama su Lira el trovador,
como ama el mar el pescador,
como ama el enamorado a su amor.

Tu pecado es sentir;
como siente la mujer al parir,
la sensación que da el vivir,
lo que siento por ti al compartir.

Tu pecado es morir;
porque no sientes lo que es sentir,
porque mueres y dejar de vivir.

POEMA DEL PECADO

“Vamos que se hace tarde”, me dijiste;
pero yo me quedé mirando al mar,
con el hastío de un pecado triste,
pues no hay nada más triste que un pecado vulgar.

Tú, la mujer ajena,
yo, el hombre sin ayer,
ya el mar borró tus pasos en la arena,
pero hay cosas más hondas en un atardecer.

Yo me imagino como fue el regreso,
si ya él estaba allí,
si tú como otras veces, pudiste darle un beso,
y si al besarlo no pensaste en mí.

Y me imagino lo que habrás sentido
si después,
al quitarte el vestido,
rodó un poco de arena hasta tus pies.

Ya sé que fue un pecado
triste y vulgar;
pero el viento soplaba de aquel lado
y se llevó el pecado sobre el mar.

Y al cruzar una acera,
ladrón de cosas que no tienen fin,
para pagarte un beso a mi manera,
fui cortando las rosas de un jardín.

Tal vez mañana,
como hay sueños que han sido y que no son,
tú abrirás como siempre la ventana
y saldrás a esperarlo en el balcón.

Y como una sorpresa,
como una burla fina y cruel,
colocarás mis flores en la mesa,
sin que tiemble tu mano en el mantel.

Tal vez vuelva a la playa
por andar en la arena, no por ti;
ya me dijiste que aunque yo no vaya,
tú irás todas las tardes por allí.

Y si nos tienta algún pecado
triste y vulgar,
el viento sopla siempre de aquel lado
y se lo lleva todo sobre el mar.

De:José Ángel Buesa

POEMA DEL PECADO

«Vamos, que se hace tarde…»— me dijiste.
Pero yo me quedé mirando el mar,
con el hastío de un pecado triste,
pues no hay nada más triste que un pecado vulgar…

Tú, la mujer ajena.
Yo, el hombre sin ayer.
Ya el mar borró tus pasos en la arena,
pero hay cosas más hondas en un atardecer…

Yo me pregunto cómo fue el regreso:
si ya él estaba allí;
si tú, como otras veces, pudiste darle un beso,
y si al besarlo no pensaste en mí…

Y me pregunto lo que habrás sentido
si después,
al quitarte el vestido,
rodó un poco de arena hasta tus pies

Ya sé que fue un pecado
triste y vulgar,
pero el viento soplaba de aquel lado
y se llevo el pecado sobre el mar…

Y, al cruzar la acera,
ladrón de cosas que no tienen fin,
para pagarte un beso a mi manera
fui cortando las rosas de un jardín…

Tal vez mañana,
como hay sueños que han sido y que no son,
tú abrirás como siempre la ventana
y saldrás a esperarlo en el balcón.

Y, como una sorpresa,
como una burla fina y cruel,
colocarás mis flores en la mesa
sin que tiemble tu mano en el mante

Quizás vuelva a la playa,
por andar en la arena, no por ti…
(ya me dijiste que, aunque yo no vaya,
tu iras todas las tardes por allí…)

Y si nos tienta algún pecado
triste y vulgar,
el viento sopla siempre de aquel lado,
y se lo lleva todo sobre la mar…
José Ángel Buesa

AMOR PROHIBIDO

Subes centelle ante de labios y ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.
Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso es la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!
Espíritu es el horópter que pasa
puro en su blasfemia!
El corazón que engendra al cerebro
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.

Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!
Algún penitente silencio siniestro?
Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
…Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!


Cesar Vallejo

TE ACORDÁS UN DÍA

Te acordarás un día de aquel amante extraño
que te besó en la frente para no hacerte daño.
Aquel que iba en la sombra con la mano vacía
porque te quiso tanto… que no te lo decía.

Aquel amante loco… que era como un amigo,
y que se fue con otra… para soñar contigo.

Te acordarás un día de aquel extraño amante,
profesor de horas lentas con alma de estudiante.
Aquel hombre lejano… que volvió del olvido
sólo para quererte… como a nadie ha querido.

Aquel que fue ceniza de todas las hogueras
y te cubrió de rosas sin que tú lo supieras.

Te acordarás un día del hombre indiferente
que en las tardes de lluvia te besaba en la frente.
Viajero silencioso de las noches de estío
que miraba tus ojos, como quien mira un río.

Te acordaras un día de aquel hombre lejano
del que más te ha querido… porque te quiso en vano.

Quizás así de pronto… te acordarás un día
de aquel hombre que a veces callaba y sonreía.
Tu rosal preferido se secara en el huerto
como para decirte que aquel hombre se ha muerto.

Y él andará en la sombra con su sonrisa triste.
Y únicamente entonces sabrás que lo quisiste.

POEMA DEL AMOR AJENO

Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo
como queda un perfume donde había una flor.
Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.

La vida nos acerca y la vez nos separa,
como el día y la noche en el amanecer…
Mi corazón sediento ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena que no debo beber…

Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,
nunca te vas del todo, como una cicatriz;
y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,
pues al perder la espiga retiene la raíz.

Tu amor es como un río, que parece más hondo,
inexplicablemente, cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte tienen un más allá.

Para un deseo así, toda la vida es poca;
toda la vida es poca para un ensueño así…
Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca;
y tú estarás con otro… ¡pero pensando en mí!

ERA MI AMIGA

Era mi amiga, pero yo la amaba
yo la amaba en silencio puramente,
y mientras sus amores me contaba
yo escuchaba sus frases tristemente.

Era mi amiga, pero me gustaba
y mi afán era verla a cada instante.
Nunca supo el amor que yo albergaba
porque siempre me hablaba de su amante.

Era mi amiga para todo el mundo
porque a nadie mi amor yo confesaba,
pero yo la quería muy profundo
y forzosamente me callaba.

Era mi amiga, y mi cuerpo sentía
estremecer si ella me miraba,
al oírla junto a mí feliz me hacía
más de este amor ella nunca supo nada

y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía,
era mi amiga, pero yo la amaba.

POEMA DE LA CULPA

Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría…
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.

Perdónala Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío:
yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa
como quien lo da todo, dando tan poca cosa…

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
ella no fue culpable, Señor… ni yo tampoco
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me diste los ojos para mirarla a ella.

Sí, nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y si es culpa de un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería pecado mayor si no la amara.

Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!

CANCIÓN DE LOS AMANTES

Donde quiera en las noches se abrirá una ventana
o una puerta cualquiera de una calle lejana.
No importa dónde o cuándo… puede ser dondequiera
ni menos en otoño, ni más en primavera.

Y hoy igual que mañana, mañana igual que ayer
un hombre enloquecido besará una mujer.

Tal vez nadie lo sepa… Como tal vez un día
todos irán sabiendo lo que nadie sabía.

Y para los amantes su amor desesperado
podrá ser un delito… pero nunca un pecado.

Por eso el amor pasa por las calles desiertas
y es como un viento loco que quiere abrir las puertas

Bien saben los amantes que hay caricias que son
no una simple caricia sino una posesión.
Y que un beso… uno solo puede más que el olvido
si se juntan dos bocas en un beso prohibido.

No, un gran amor no es grande por lo mucho que dura
si se parece a un árbol reseco en la llanura.
Y los amantes saben, que sin querer siquiera
hay un amor que crece como una enredadera

Es natural que el agua de un estanque sombrío
sueñe en sus largas noches con el viaje de un río.

Y si por algo es triste la lluvia que no llueve
será porque es la lluvia condenada a ser nieve.

Es natural que un día comprendan los amantes
que no hay nunca sin siempre… que no hay después sin antes.
Y así brota en el alma la rebelión de un sueño
que es como un perro arisco que le gruñe a su dueño.

El amor… esa estrella de una sombra infinita
aunque muera cien veces… cien veces resucita

Y suele ser un niño de manos milagrosas
que rompe las cadenas y hace nacer las rosas.

Ya no habrá días turbios… ya no habrá noches malas
si hay un amor secreto que nos presta sus alas.

Y el corazón renace con renovada fe
igual que los rosales… que no saben porqué.

Donde quiera en las noches, puede abrirse una puerta
pero… tan suavemente que nadie se despierta

Puede ser en otoño… puede ser en verano
tanto un amor tardío… como un amor temprano.
Una mujer… un hombre… y un oscuro aposento
y allá afuera en la calle… sigue pasando el viento.
Y si en la noche hay algo queriendo amanecer
es simplemente un hombre que besa a una mujer.