LA CASADA INFIEL

Poema La Casada Infiel
de Federico García Lorca

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

CANCIÓN DESNUDA

Despierta de caricias, aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen. ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo.

!De mí se huyeron horas de voluntad robusta, y humilde de razones, mi sensación dejaron. Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. ¡Yo fui la Vida, amado! La vida que pasaba por el canto del ave y la arteria del árbol.

Otras notas más suaves pude haber descorrido, pero mi anhelo fértil no conocía de atajos: me agarré a la hora loca, y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano, y hube de verme toda en un grito de lágrimas, ¡en recuerdo de pájaros!

Yo no supe guardarme de invencibles corrientes ¡Yo fui la Vida, amado! La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo para darse a mis brazos.

Julia de Burgos

MASA

Para el alma imposible de mi amada
Amada: no has querido plasmarte jamás
como lo ha pensado mi divino amor.
Quédate en la hostia,
ciega e impalpable,
como existe Dios.

Si he cantado mucho, he llorado más
por ti ¡oh mi parábola excelsa de amor!
¡Quédate en el seso,
y en el mito inmenso
de mi corazón!

Es la fe, la fragua donde yo quemé
el terroso hierro de tanta mujer;
y en un yunque impío te quise pulir.
Quédate en la eterna
nebulosa, ahí,
en la multiesencia de un dulce no ser.

Y si no has querido plasmarte jamás
en mi metafísica emoción de amor,
deja que me azote,
como un pecador.

Cesar Vallejo

LUJURIA

Cuando murmuras con nervioso acento
tu cuerpo hermoso que a mi cuerpo toca
y recojo en los besos de tu boca
las abrasadas ondas de tu aliento.

Cuando más que ceñir, romper intento
una frase de amor que amor provoca
y a mí te estrechas delirante y loca,
todo mi ser estremecido siento.

Ni gloria ni poder ni oro ni fama
quiero entonces, mujer. Tú eres mi vida,
esta y la otra si hay otra; y sólo ansío
gozar tu cuerpo, que a gozar mi llama,
¡ver tu carne a mi carne confundida
y oír tu beso respondiendo al mío!
(Joaquín Dicenta)

LA ENTREGA

Llegará para ti la suspirada
derrota, y una tarde florecida
la pasión morderá la pulpa henchida
de tus senos, como una llamarada.

Un velo cruzará por tu mirada
y sin memoria, contra mí ceñida,
sentirás el misterio de la vida
revelarse en tu carne desgonzada.

Ya vuelta al mundo me dirás:¿Qué has hecho?
Restregarás los ojos, sobre el pecho
reanimarás tu deshojada rosa;

Y, para más inenarrable encanto,
habrá un amago de temblor de llanto
en tu voz, casi, casi silenciosa.
(Juan Lozano y Lozano)

DEL PECADO

Del pecado de amarte no estoy arrepentida,
aunque un oscuro abismo nos separa a los dos,
en tanto que risueña te doy mi despedida,
mis ojos se iluminan para decirte adiós.

No nos debemos nada. Tú me diste tu boca
limpia como el agua fresca del manantial;
y te enlacé en mis brazos, amorosa y sensual,
y apagué en la cisterna mi sed ardiente y loca.
Peregrinos errates, nuestra ruta seguimos,
si dos sendas opuestas al azar elegimos,
¿Por qué nos rebelamos con violenta actitud?
(Rosario Sansores)

LOS AMANTES

Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes…
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente.

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.
(Baldomero Fernández M.)

DULCE PECADO

Muchachita de la tarde que entregaste tu tibia primavera,
diaria tentación que resucitó mis otoñales placeres,
gatuna que te arrullabas invitando a todos los pecados,
amante que se hizo mujer sin olvidar su hechizo cotidiano,
miradas, aromas, tacto y gusto, puerto al que lograste llegar,
mañana incierto, sabiendo que de igual manera no volveré a gozar.
(El Poeta del Atardecer)

BREVÍSIMA CULPA

Savia y bálsamo que aún degusta mi sediento paladar,
oriflama de piel canela que mis dedos no logran olvidar,
risa estridente de placer en tardes,noches y madrugadas,
irás por el mundo besando, gozando, brevísimo pecado,
andarás, pero evocando lo que sólo yo te pude dar.
(El trovador Del Palomar)

YO PECADOR

Mi boca fue a manera de un ático panal
do acudieron los besos en lírico tropel,
abejas amorosas que llenaron de miel
mi espíritu sediento y mi carne mortal.

Ha gravitado en mi alma, sincera y vertical,
la voz inexorable y cóncava de aquel
de testa fascinante que al bíblico vergel
arrancó la manzana con giros de espiral.

Soy, Señor, de tus siervos, quien más ha delinquido
el no poder amar fue mi pena más honda,
el no poder besar fue mi mayor tormento.

Dame, de tus castigos, la acre copa redonda;
pues soy de tus siervos el que más te ha ofendido,
yo te pido perdón…Pero no me arrepiento.
(Abraham Valdelomar)